Suficiente y pagado de sí mismo, así es como afronta Chandler este relato. Y no, no me confundo, esos adjetivos no son para Marlowe, sino para un autor que se mimetiza con su personaje. Sobran explicaciones, explicitud y que Chandler se crea tan listo, cuando lo más sustancial de la novela es en realidad obvio y lo cotidiano resulta en la práctica absurdo. ¿Para qué complicar la trama si algunos diálogos y situaciones de transición no se sostienen?
Escribir de polis y ladrones cuando lo más cerca que se les tiene es cuando pasan a toda velocidad en coche, persiguiéndose al otro lado de la verja de la mansión, suele dar mal resultado. Chandler se queda lejísimos de Hammett.
¡Qué dureza!
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