Leyendo Suttree uno se da cuenta de lo bueno que es Faulkner; sobre todo, el Faulkner de los Sartoris y de los Bundren, el que te engancha contando las vidas anodinas de personajes más anodinos aún.
En Suttree Cormac se parece o intenta parecerse a William, pero sus personajes son mucho menos interesantes, el desarrollo no sorprende y su prosa es farragosa. Párrafos del tamaño de una página que contienen el campo semántico de la pesca del siluro al completo. Todos los sinónimos existentes en castellano para sedal, anzuelo y carnaza. Como si Delibes tuviera un gemelo en Knoxville, Tennessee. Adjetivos que probablemente en inglés tienen una sonoridad genial abrigados en sus frases. Pero que en castellano tienden a quedar ridículos. Y una serie de pausas extrañas entre las frases, hilvanadas por puntos seguidos sin conjunciones, como las que estoy remedando ahora mismo, que terminan por ponerle a uno nervioso. No he llegado al ecuador de las 560 páginas del libro, y no lo voy a terminar.
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