Un tipo inventa el explosivo más devastador que se pueda imaginar, pero no sabe cómo detonarlo. Los servicios secretos de varios países están detrás de su descubrimiento y le persiguen, le secuestran y le hacen mil perrerías.
El inventor termina descubriendo que lo que activa el explosivo son unas ondas de radio concretas, que nacen de una emisora en manos de un grupo anarquista. Los anarquistas son conscientes de lo que hacen y del poder del explosivo, pero no lo tienen en su poder. Los espías tienen el explosivo, pero no saben qué hacer para que estalle.
Todo esto súper embrollado, con una acción leeenta, con pasajes muy muy pesados y reiterativos, he tardado meses en terminarlo, y con historias de amor recurrentes y absurdas que parecen escritas por un borracho despechado; pero a veces emergen ideas muy chulas. La mejor: el grupo anarquista está financiado por un rico empresario que se harta de la inoperatividad del asamblearismo. Cuando por fin los anarquistas se hacen con el explosivo comienza una discusión interminable acerca de cuáles deben ser los objetivos, de la ética del terrorismo y demás zarandajas. El líder-empresario se cansa de tanta tontería y vuela por los aires a sus correligionarios, la asamblea entera, y se lo explica más o menos así al inventor: "No tenía otro remedio, así no íbamos a hacer nada, no íbamos a avanzar. Habrá que conseguir otros nuevos, y esperar que actúen antes de que se echen a perder y no sirvan para nada".
El inventor termina descubriendo que lo que activa el explosivo son unas ondas de radio concretas, que nacen de una emisora en manos de un grupo anarquista. Los anarquistas son conscientes de lo que hacen y del poder del explosivo, pero no lo tienen en su poder. Los espías tienen el explosivo, pero no saben qué hacer para que estalle.
Todo esto súper embrollado, con una acción leeenta, con pasajes muy muy pesados y reiterativos, he tardado meses en terminarlo, y con historias de amor recurrentes y absurdas que parecen escritas por un borracho despechado; pero a veces emergen ideas muy chulas. La mejor: el grupo anarquista está financiado por un rico empresario que se harta de la inoperatividad del asamblearismo. Cuando por fin los anarquistas se hacen con el explosivo comienza una discusión interminable acerca de cuáles deben ser los objetivos, de la ética del terrorismo y demás zarandajas. El líder-empresario se cansa de tanta tontería y vuela por los aires a sus correligionarios, la asamblea entera, y se lo explica más o menos así al inventor: "No tenía otro remedio, así no íbamos a hacer nada, no íbamos a avanzar. Habrá que conseguir otros nuevos, y esperar que actúen antes de que se echen a perder y no sirvan para nada".
No hay comentarios:
Publicar un comentario