sábado, 11 de mayo de 2013

Antonio Orejudo: Un momento de descanso

Y digo: ¿cómo hace este tío para darle la vuelta al axioma? El axioma dice que cuando te pasa algo que te afecta vitalmente, una enfermedad, la muerte propia o de alguien que importa, una desgracia, todos los demás problemas se convierten en triviales, se relativiza lo que no es esencial. Y hoy han despedido a un compañero de curro, y ha sido una tragedia para él, para su familia y para sus compañeros, todo el elenco de tipejos que representamos esa farsa que va de reparar cacharros en un taller, todos estamos trastornados. Porque ahora, en el capitalismo, que te despidan es como que te deshaucien, que te quiten la custodia de los hijos y reduzcan tu esperanza de vida en diez años, es algo que te afecta vitalmente.

Y llego a casa y me pongo con Un Momento de Descanso para distraerme, y al cabo de ciento veinte páginas lo absurdo es que me preocupe por un despido, la muerte o el cáncer, porque estoy leyendo un algo absoluto que importa más que todo eso, porque plantea todos esos problemas y más, porque abre la lata que es tu cráneo y parece que después de todo sí hay solución si alguien ha sido capaz de escribir ese algo absoluto. Todo eso de las empresas y los trabajos es real, sí, pero no deja de ser una pantomima absurda de cartón piedra mucho menos importante que ese taco de pulpa de celulosa prensada, voy a dormir abrazado a ese taco de pulpa de celulosa y mañana ya no estará tan bien prensada.

Ayer hablaba de Orejudo con Rapunzel, y nos asombrábamos de lo mucho que nos gusta un tío tan tramposo, o que es tan tramposo en Ventajas de Viajar en Tren. Pero en el Momento de Descanso es peor , porque narra en primera persona él mismo, Antonio Orejudo el que firma ejemplares en la feria del libro, y no sabes cuándo te está timando o cuándo no. Que yo siempre he sido de autores descarnados que se arrancan las vísceras, las impresionan en papel y te dan un texto aún palpitante, o que simulan hacer eso, que se reivindican transparentes, malditos y feístas, que si Kerouac que si Fante que si Céline que si Bukowski, mientras que los cuentistas nunca me han impresionado mucho salvo Vonnegut, Monterroso, Lem y gente a medio camino como Faulkner o Hammett. De hecho, Orejudo a veces se parece a Vonnegut, y a veces a Bolaño, o a Sebald. Pero en realidad da igual a quién se parezca, porque llega y me vende la moto y se la compro embobado desde la página cero, ¿¿cómo lo hace tan fácil??

sábado, 4 de mayo de 2013

Joe Grand (Ed.): Game Console Hacking

Dice el subtítulo, traducido del inglés: "Aprende lo básico del pirateo de consolas". Y también: "Modifica tu consola y sus accesorios para que hagan cosas para las que no estaban diseñados". "Crea tus propios juegos, y juega con ellos en tu consola favorita". "Referido a Xbox, PlayStation 2, Game Boy Advance, GP32, NES, Atari 2600, Atari 5200 y Atari 7800".

¿Merece la pena? Sí, la versión digital, que tiene imágenes muy chulas en color. Las fotos de la edición impresa están en blanco y negro, y por el tipo de papel se ven de culo. En cuanto al contenido, es más o menos lo que promete (salvo por lo de "crea tus propios juegos", xD): la parte de nociones básicas de electrónica es muy primaria, pero didáctica, útil e inteligible. Y cuando se meten en harina, se nota que los autores saben del tema (con extractos del desensamblado de la BIOS de la PS2 y todo), y la estructura de los proyectos es canónica pero resultona ("qué necesitas", "cómo se hace", "explicación teórica de lo que hemos hecho").

Sólo está disponible en inglés, pero píllatelo si te interesa el tema, y aprende de una vez el idioma de la Pérfida Albión :-P

miércoles, 1 de mayo de 2013

Karel Čapek: La Krakatita

Un tipo inventa el explosivo más devastador que se pueda imaginar, pero no sabe cómo detonarlo. Los servicios secretos de varios países están detrás de su descubrimiento y le persiguen, le secuestran y le hacen mil perrerías.
El inventor termina descubriendo que lo que activa el explosivo son unas ondas de radio concretas, que nacen de una emisora en manos de un grupo anarquista. Los anarquistas son conscientes de lo que hacen y del poder del explosivo, pero no lo tienen en su poder. Los espías tienen el explosivo, pero no saben qué hacer para que estalle.
Todo esto súper embrollado, con una acción leeenta, con pasajes muy muy pesados y reiterativos, he tardado meses en terminarlo, y con historias de amor recurrentes y absurdas que parecen escritas por un borracho despechado; pero a veces emergen ideas muy chulas. La mejor: el grupo anarquista está financiado por un rico empresario que se harta de la inoperatividad del asamblearismo. Cuando por fin los anarquistas se hacen con el explosivo comienza una discusión interminable acerca de cuáles deben ser los objetivos, de la ética del terrorismo y demás zarandajas. El líder-empresario se cansa de tanta tontería y vuela por los aires a sus correligionarios, la asamblea entera, y se lo explica más o menos así al inventor: "No tenía otro remedio, así no íbamos a hacer nada, no íbamos a avanzar. Habrá que conseguir otros nuevos, y esperar que actúen antes de que se echen a perder y no sirvan para nada".

domingo, 7 de abril de 2013

Jacques Martin: El Huracán de Fuego

Creo que por fin lo he entendido: amén de relaciones afectivas con otros seres vivos, necesito la línea clara para vivir. Ni series de tv ni películas, ni fútbol ni triples-a, me basta con mi tostada con mermelada de ciruela y con un autor de línea clara.




lunes, 7 de enero de 2013

G.K. Chesterton: Breve historia de Inglaterra

Chesterton era Ignatius Reilly, más gordo y con los ojos más pequeños y más juntos que nunca, loando las bondades del cristianismo. Para resumir lo poco que he leído de esta soflama (una cuarta parte, no voy a pasar de ahí), resulta que hacer Historia es aunar tradiciones, leyendas y sobre todo lo que pone en la biblia, y compilarlo todo en un tomo encuadernado en piel con letras de oro en el lomo, porque eso que se hace en las facultades, el rollo de los yacimientos arqueológicos y las técnicas científicas, no son sino CASTILLOS EN EL AIRE impíos y más falsos que los propios mitos.

Vamos, como Pío Moa, Fedeguico, César Vidal o Frank Miller, pero con más sentido del humor al menos. El caso es que cuando quiero leer de Historia no me pongo a leer un libro de chistes, boutades y cuchufletas a costa de gente que se toma en serio, precisamente, la Historia, así que paso de perder más tiempo con esta parida. Sólo para fans del friqui de los cojones que era GK Chesterton.