viernes, 31 de agosto de 2012

Philip K. Dick: Ubik

PKD era un mal escritor: narrativamente resultaba farragoso y confuso, sus argumentos se sostenían malamente con pinzas, y sus diálogos eran de obra de teatro dirigida por un cura neocatecumenal en un centro penitenciario. Es cierto que las malísimas traducciones que sufrió pueden colaborar con la primera crítica, pero para el resto no necesitó la ayuda de editores cutres. PKD no escribía novelas, porque ni dominaba ni le interesaba dominar el medio. Lo único que quería era airear las paranoias que le obsesionaban, y por eso desgranaba sus historias como el que cuenta atropelladamente el argumento de una película: los actos y las conversaciones de los protagonistas dan muchas veces vergüenza, y sus personajes son tan planos, intercambiables y absurdos que me da por preguntarme si lo que hacía Dick no era existencialismo dadaísta. Pero como Kafka le queda muy lejos, en inteligencia, genialidad o recursos, no le voy a conceder el beneficio de la duda.

domingo, 19 de agosto de 2012

Howard Chaykin: Shadow, Blood and Judgement

Algunas de las viñetas más horribles jamás dibujadas, y un guión rutinario que Chaykin se esfuerza en retorcer con flashbacks y "rupturas corales", una página para un personaje, la siguiente para otro, la tercera para zutano y ninguno de sus historias es interesante, todo eso para disimular un relato malo de solemnidad.

Ahora, que no sé qué es peor, si el guión, o esos dibujos de caras permanentemente crispadas y muy mal hechas, o esos escorzos imposibles de tías pretendidamente buenorras, o las escenas de acción que se suceden incomprensibles porque no sabes quién es el bueno y quién el malo porque los dibuja a todos igual, no se entiende qué pasa, quién es hombre y quién mujer, quién joven y quién viejo, quién dispara y quién muere, o esos personajes anfetamínicos cuyos caracteres tampoco se distinguen entre sí, me dicen que el bueno es Allard pero luego toma el nombre del malo que es Cranston y los dos se llaman Cranston pero da igual porque son iguales, es igual ya no el dibujo del personaje sino el carácter del personaje que es lamentable. Lamentable es todo en The Shadow de Chaykin, lamentable es que alguien llame cómic a esto, que es una sucesión de paridas a todos los niveles, estéticos y narrativos. Chaykin hace bueno a cualquiera, terminas apreciando las Lornas rubias y las Lornas morenas que son siempre la misma pero por lo menos están bien proporcionadas y dibujadas, incluso añoro las continuaciones de Van Hamme de Blake y Mortimer que en un alarde de innovación y fantasía tienen que pelear contra rusos comunistas acantonados en la Antártida protegidos por gorilas asesinos; porque Chaykin tiene a un malo en silla de ruedas que da ganas de saltar por la ventana desde la primera viñeta en que aparece, porque ya sabes todo el recorrido que va a tener el personaje, porque imaginas qué es lo que va a suceder en las siguientes veinte páginas y aciertas.

domingo, 5 de agosto de 2012

Bret Easton Ellis: Menos que Cero


Menos que Cero es mucho mejor que American Psycho, pero también dicen que es lo mejor de Easton Ellis. Todavía no me queda claro si este señor es un posmo sociópata o un moralista extremo buscando epatar, pero me da igual porque me interesan lo mismo unos que otros. Lo que sí sé es que dentro del género de relatos de jóvenes-(auto)destructivos-sin-valores no es mucho mejor que Mañas, o que Loriga, y que está por debajo del Escupiré sobre Vuestra Tumba de Vian: no es que el francés fuera mi escritor favorito, es que como mínimo no insultaba tan ostensiblemente al lector.

De todas formas, a Menos que Cero hay que reconocerle cierta originalidad (por mucho que beba de Salinger, al que supera; es que le mea), la juventud con que Ellis la escribió (y aquí la comparación se puede establecer con Otras Voces, Otros Ámbitos que Capote pergeñó con una edad similar, y con un espíritu parecido, y no sé con cuál me quedo), el efecto de desestructuración que consigue y su relativa versatilidad estilística. Lo mejor, los contrastes entre el relato principal y los recuerdos del protagonista; lo peor, el efectismo que persigue todo el rato, tan impostado.

John Osborne: Look Back in Anger

Curiosa pieza teatral a la que se le puede sacar muchísima punta, pese a que a primera vista podría parecer que no ha envejecido bien, porque narra una historia ambientada en una época (la del consenso de posguerra británico) y con unos personajes (apegados a esa época, inseparables de la misma) obsoletos e intrascendentes incluso para historiadores frustrados y topillos gafapasta de biblioteca. Todos los papeles tienen miga y son consistentes, y se interrelacionan en una trama sobria y consecuente, dirigidos con maestría e inteligencia por Osborne. Sorpresa.