Pensaba que no me iba a gustar tanto como La Guía, pero Douglas Adams fue capaz de mantener un nivel narrativo digno a pesar de la irregularidad del relato -menudo bajón da la visita de Zaphod al Vórtice-de-su-puta-madre.
Lo más interesante vuelve a ser el trasfondo filosófico de la historia, las consideraciones acerca de la necesidad de crear nuevos tiempos verbales en el momento en que se puede viajar en el tiempo, y el sentido del humor cínico à la Vonnegut, pesimista y a la vez optimista con respecto al futuro de la raza humana. Parodiando el género entero de la ciencia ficción, Adams, Lem o Vonnegut eran capaces de resultar mil veces más reveladores, sugerentes y visionarios que los especialistas serios, por mucha formación científica que tuvieran (Clarke, Asimov) o por mucho que se les fuera la pinza (Dick).
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