domingo, 16 de septiembre de 2012

Cómic, novela negra y cultura francesa

- Joann Sfar y Emmanuel Guibert: La Hija del Profesor
- Jacques Tardi: Juegos para Morir
- Sergio Colomino y Jordi Palomé: Sherlock Holmes y la Conspiración de Barcelona

La Hija del Profesor ha sido a lo mejor un pasatiempo de Sfar y Guibert, pero qué fina, bien resuelta y bien dibujada está la historia de la hija del egiptólogo que se enamora de una momia; y Tardi, ¡Tardi puede hacer lo que quiera! Porque demuestra que no depende de las novelas de Leo Mallet, que puede hacer maravillas con material propio o ajeno, porque podría estar dirigiendo películas, adaptando guiones o ganando mucho dinero haciendo fine arts y pintando cuadros de encargo. Porque se documenta o porque lo tiene todo en la cabeza, porque ves al tendero con su mandil azul y te viene el olor del ultramarinos, porque cuando los gambas se meten en el vertedero a buscar su tesoro tienes cuidado de no pincharte o arañarte tú con algo, que está todo lleno de cosas oxidadas que hacen rasguños que parece que se han metido en tu habitación.

Pero hay veces que lees algo que está muy bien hecho y te lo joden, te lo jode tu maldito coco que se pone a comparar y no deja de  pensar en el tiempo que has perdido leyendo panfletos que van de la mediocridad a la basura. Porque a ver, ¿para qué me pongo yo con Chaykin, Chandler o Houellebecq, si sé desde las primeras páginas que voy a abominar? Sí, es lo que estáis pensando, es para ir de empollón gafotas acusica y poder afirmar que esos autores son una puta mierda, para escribir reseñas cagándome en ellos, para soltar mis Juicios Sentenciosos de Intelectualillo Pretencioso delante de los colegas y demostrar que sentido común no, pero que criterio tengo mucho. O por lo menos que es un criterio sólido y definido, que todavía está por ver que sea coherente o tenga algún valor.

Pero resumo: Sherlock Holmes y La Conspiración de Barcelona es un cómic malo, tanto a nivel narrativo como de dibujo, y también en cuanto al mensaje que trata de transmitir, qué apestoso es un socialdemócrata posibilista reformista que ha sido anarquista o es anarcófilo, uno que condena la lucha armada como desviación bolchevique y nos propone que pongamos la otra mejilla y el culo porque nuestros ideales no pueden prevalecer sobre la maldad intrínseca que subyace al asesinato. Ácratas paracristianos barojianos, antirevolucionarios y moralistas, rebeldes en su cabeza y en el salón y sumisos al poder (y sobre todo, al capital) en la fábrica y en la calle, no, gracias.

Por otro lado, la mayor parte de los autores consagrados de novela negra (con Chandler y Spillane a la cabeza), son unos memos sin chispa ni sabiduría ni curiosidad, y Tardi y Sfar son dios, y no entiendo aún muy bien cómo funciona esto de la novela negra, porque se mide a todos los autores por el mismo rasero, es lo mismo Hammett que Chandler vengayá, y pasa lo mismo con los franceses y la francofilia: cómo es que van de la indigencia intelectual y ética absolutas (Houellebecq, Bernard-Henri Lévy y el más afrancesadamente tonto de todos, Kundera) a la genialidad definitiva céliniana; cómo es posible que si todos los citados rezuman tantos ingredientes genuinamente franceses, pedantería-suficiencia-erudición-sobriedad-refinamiento, cómo es posible que unos resulten acojonantemente reveladores y otros sean unos cínicos, mentirosos y burdos mistificadores de la realidad. Cómo es que si la cultura francesa sabe tanto, porque SABE, tolera a esos payasos carcinógenos. ¡Quimioterapia para la cultura francesa! ¡Tardi y Sfar en todas las escuelas de Europa! ¡Y Franquin, Émile Bravo, Frank Le Gall y Peyo también!

sábado, 15 de septiembre de 2012

Cormac McCarthy: Meridiano de Sangre


Echas en el puchero un codillo de Faulkner, un chorretón de esencia estilística de Kerouac (tm), y lo sazonas con existencialismo más francés-inglés (Camus, Sillitoe) que germano-escandinavo (Hesse, Hamsun). Si no le pones sal y no lo desbastas te sale un Cormac McCarthy en Meridiano de Sangre, si lo sazonas bien y resumes bien la salsa te queda un La Carretera.

Quinientas páginas son muchas páginas para contar la misma historia (en eso se parece a Ballard, aunque McCarthy es muchísimo más inteligente), pero entre tanta reiteración e ida de olla asoman pasajes cojonudos.

domingo, 2 de septiembre de 2012

J.G. Ballard: Fiebre de Guerra


Recopilación del peor Ballard, el que escribe relatos cortos muy apegados a la realidad, con Reagan o Thatcher de protagonistas, o El Líbano de escenario. Ballard era mal escritor tanto en términos estilísticos como narrativos, pero mantenía cierto interés por su capacidad para producir relatos fantásticos (*no* de ciencia ficción) más o menos originales. Siempre contaba lo mismo y en el mismo tono distópico y épico-pesimista; pero las sucesivas vueltas de tuerca (el planeta se desertiza-el planeta se inunda-el planeta se congela) llegaban a tener la gracia demente, repetitiva y machacona de una canción de postrock, algo de Tortoise o Stereolab. Pienso Ballard y suena en mi cabeza un "il n'y a rien de" febriculoso.

En Fiebre de Guerra, renunciando en la mayor parte de los cuentos a su único activo (la fantasía posapocalíptica), recuerda desgraciadamente a uno de mis cocos, Vázquez Figueroa. Su desarrollo torpe, su simplismo, su ñoñería y su tremendismo producen una mezcla de asco y vergüenza, y también pavor por ver publicado semejante engendro.

Stereolab en la BBC, "Anamorphose":